viernes, 14 de febrero de 2014
jueves, 2 de enero de 2014
viernes, 29 de noviembre de 2013
Carta a Emilio
Emilio,
No
nos conocimos pero fuimos al mismo colegio y solo un grado nos separó. Las
mismas paredes nos vieron crecer y tuvimos muchos amigos en común. Es probable
que en algún momento de la vida nos hayamos cruzado. Quizás fue en la cafetería
o quizás en el recreo. Compartimos profesores, eso es seguro, y podríamos
habernos reído de los mismos chistes. No, no nos conocimos, pero no importa, porque
por un buen periodo nos levantamos ambos temprano en la mañana para ir al mismo
lugar y ese es nexo suficiente. Nunca escuché mucho de ti y creo que esa es
buena señal de la persona que fuiste: de los malos y revoltosos siempre llega
antes la noticia.
No
entiendo, Emilio, qué pudo llevarte a tomar esa decisión. En la vida nos pueden
pasar muchas cosas pero te puedo asegurar —porque es lo que yo misma quiero
creer—que el tiempo es el mejor guerrero. Las cosas que hoy parecen problemas
enormes y sin solución, mañana se sentirán como pequeñeces. Los obstáculos que
parecían infranqueables se tornarán en valiosas lecciones. Esos cambios que no
podemos comprender mañana serán costumbre. No debemos olvidar que todo pasa por
algo: lo bueno para que lo disfrutemos y lo malo para que aprendamos. Si algo he comprendido motivando a la gente
es que no debes preguntarte ¿Por qué me pasa esto? Sino ¿Para qué?
Creo
que no fuiste capaz de formular esa segunda pregunta.
¿Qué
pasaba por tu cabeza en esos momentos? ¿Fue la separación de tus padres? ¿Pasó
algo en la universidad? ¿Algo en el plano amoroso? ¿O fue depresión? ¿Algo patológico
sucedía en tu interior? ¿Algo químico? Ya no podemos responder esas preguntas,
Emilio, y nunca podremos. Lo único que queda esperar es que ahora estés más
tranquilo, estés donde estés y así no estés en ninguna parte. Hay religiones
que creen que los suicidas van directamente al infierno y en tiempos lejanos no
se les podía siquiera enterrar en un cementerio. Hemos cambiado la mayoría,
pero hay quienes aún sostienen esas creencia. Yo no quiero pensar eso, que al
suicida se le condene a un eterno hades. Si hay un Dios en este mundo no creo
que castigue a aquel que le tocó vivir algo tan horrible que lo hizo quitarse
la vida.
Dicen
que buscaste ayuda en la psicóloga de tu universidad, que tus amigos te vieron
deprimido, que tu familia también lo notó ¿Hablaste con alguien, Emilio?
¿Buscaste ayuda? Este mundo asusta ¿No? Pensar que nos juzguen, que nos digan
que nuestros problemas no son nada, que se alejen de nosotros ¿Eso te dio
miedo? Debiste hablar con tus padres, amigo, puede que pareciera difícil pero
debiste hacerlo. Ellos tampoco la estaban pasando fácil pero te hubieran
escuchado, te hubieran abrazado y quizás te hubieran ayudado a buscar ayuda
profesional. A veces se necesita, Emilio, a una persona ajena y con
conocimiento. De repente lo que te pasaba tenía una explicación médica. Ya no
lo sabremos. No permitiste que te ayudasen a buscar una salida.
Quizás
estuviste siempre de espaldas a la puerta.
¿No
pensaste en lo que sentirían tus padres encontrándote así? ¿Tus abuelitos? El
dolor que debe estar sintiendo tu familia en este momento no puede ser
explicado con palabras o, si es que puede serlo, no me siento en capacidad de
capturarlo en mi redacción. Yo he perdido a tres de mis abuelos y, aunque uno
dejó el mundo antes que yo llegara a él, se que perder a un familiar es muy
duro. Pero perder a un hijo de veintidós años, sano y al que parecer no le había
pasado nada en particular debe ser el golpe más duro. Tenías familia que te
quiere, amigos, estudios… Realmente no comprendo, Emilio ¿Qué pasó? Y creo que
me seguiré preguntando eso para siempre, una y otra vez, hasta que cobre
sentido lo que hiciste.
Querido,
Emilio, puede que haya parecido la única salida, pero te aseguro que no lo era.
Mentiría si dijera que nunca pensé en que podría saltar por la ventana y todos
los problemas y el estrés se irían. El que haya atravesado un periodo difícil
sabe que a veces aparece esa tentación. Hay quienes dicen que es el “camino
fácil” pero no creo que lo haya sido ni que lo sea jamás para nadie. Debe haber
sido la decisión más difícil de tu vida y, lamentablemente, también fue la
última.
Tenías
veintidós años y un futuro por delante, Emilio. Siento mucho que no hayas
podido verlo.
Un
abrazo,
Mariana.
jueves, 21 de noviembre de 2013
Cuando echas alguna salsa en la comida y sale esa substancia acuosa y asquerosa pre-salsa que malogra todo
Tienes hambre. Mucha hambre. Frente a ti se lucen unas deliciosas papitas fritas. Se ven buenazas, amarillitas, lo suficientemente grasosas como para provocar pero no tanto como para ahuyentar. Están en su punto. Pero sientes que hay un elemento ausente en esa deliciosa imágen. Falta ketchup. Tomas la botella de vidrio -o el envase de plástico para tal caso- entre tus manos y le acercas con entera confianza a tu amada comida. Te preparas para recibir sobre aquella botana la dulce presencia de la salsa de tomate. Entonces, de aquel envase, emana una mentira, un cruel engaño.
Lo que cae sobre tus papas no es ketchup. No sabes bien qué es. Es un líquido algo espeso, como agua con pedazitos de tomate. Casi como un cuadro de Jackson Pollock. Su sola apariencia es asquerosa y sientes una arcada recorriendo tu esófago y llegando a tu boca ¿La peor parte? Está en todas tus papitas fritas. Están arruinadas, ya ni tienes hambre. No son ahora sino un menjunje asqueroso, un cuadro vomitivo que parece sacado de una escena de la película Hostal. Miras la comida con desdén... ¿Ya para qué?
¿Por qué, salsas, nos traicionan de esa manera? Aquellas que están allí para hacer que la comida sepa mejor, en quienes contamos para embellecer ante nuestros paladares el sabor de los alimentos y lograr así la hermosa experiencia que es comer, cometen el más vil de los timos ¿Cómo pueden hacernos esto? Ketchup, mayonesa y mostaza, en ustedes confiamos, sean benévolos con nosotros.
Y tú, amigo que lees esto, no olvides nunca: agítese antes de usar. Nunca palabras más sabias fueron escritas. Esta es la décimo novena cosa que yo odio.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
Cuando nos echan la culpa
Fue hace unas semanas que hice uso de este blog para odiar el acoso callejero y lo hice con todas las ganas del mundo pero, también, con comedia. Sin embargo, no hay nada de gracioso en lo que este acoso implica ni tampoco en lo que puede evolucionar. Esta objetivación de la mujer y embrutecimiento del hombre, directamente proporcionales el uno del otro, son una peste social que debe de ser eliminada de raíz. No voy a aguantar que venga una conductora de televisión a decir que es nuestra culpa. No lo es y nunca lo fue ni tampoco lo será jamás. Estimada Joyce Guerovich, dices que quieres comprender a los hombres, que tampoco hay que echarles toda la culpa y tanta tontería ¿No te das cuenta que al decir que es culpa de las mujeres estás denigrando también a los hombres? ¿Es que realmente piensas tan mal de ellos? ¿Realmente crees que no son capaces de controlarse?
Con mi colegio tuve la fortuna de visitar un hogar para madres adolescentes que habían sido víctimas de violación. Allí, trataban de sacar adelante al inocente fruto de aquel abuso y sacarles una sonrisa fue unas de las cosas más gratificantes que me han pasado en la vida. Quiero que vayas allí y les digas que fue su culpa, que algo habrán hecho para provocar a ese hombre que las violó. Quiero que vayas y le digas a esa chica que su padre la ultrajó que es su culpa por provocarle. Hazlo, a ver si eres tan valiente. Anda y dile a esa niña de diecisiete años con un hijo de cinco que algo habrá hecho a los doce años para buscarse esa violación, que era su ropa o su manera de actuar, que fue provocadora, que el hombre solo siguió su instinto.
Y yo se que ella habla de los piropos pero estos no son sino la punta del iceberg del machismo y el abuso y defenderlos, justificarlos o darles cualquier otra explicación que no sea: hay hombres imbéciles que TIENEN que aprender a respetar a las mujeres, es una falta de respeto a la raza humana en general. A las mujeres por obvias razones y a los hombres por pensarlos estúpidos y primitivos. No permitiré que se hable de esa manera del género masculino: resulta que tengo familia y amigos que pertenecen a él y son seres de perfecta condición mental y civilizada. No insultes a los hombres.
Odio que haya hombres que estén de acuerdo con esta mujer. Lo detesto desde el fondo de mi corazón porque eso quiere decir que se identifican con ese ser sin uso de razón que retrata esta conductora ¿Realmente son tan brutos que no pueden ver un par de tetas sin decir una barbaridad? Y lo peor de todo es que ni siquiera tiene que haber algo que mirar, a veces solo lo hacen por el gusto de molestar. Una vez, lo recuerdo bien, estaba yo de catorce años y uniforme de la banda de mi colegio, caminando por la calle y me soltaron una asquerosidad de niveles máximos. Estaba en uniforme de colegio, quiero que asimilen eso un momento.
Un poco más.
¿Qué dice, señorita Guerovich, debería de denunciar a mi colegio por tener uniformes demasiado provocadores? ¿Qué fue lo que lo provoco? ¿Fue la falda hasta media rodilla o el jumper sin entallar que me hacía ver como una papa? A lo mejor fueron las medias hasta la rodilla o la camisa abotonada y la corbata. No, no, ya sé qué debe haber sido: tenía la chompa desabotonada. Perdón, perdón... Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Y sí, yo comprendo que hay chicas que se visten demasiado “provocadoras” pero eso no es excusa para volverse un energúmeno. Ya bueno, si quieres puedes mirar discretamente y, sabes qué, aunque me da asco en tu mente eres libre de pensar lo quieras pero no me digas cochinadas, no me toques, no te me acerques si no me conoces, si no te lo permito. No. Así de sencillo. Y si sientes el impulso piensa un rato, piensa en tu hija, en tu madre, en tu hermana, en tu prima, en tu abuelita... ¿Te gustaría que les digan una cochinada así?
Nunca culpes a la víctima porque al final que tiene la verdadera potestad de impedir el acto es el perpetrador. Y nadie más.
Esta es la décimo octava cosa que yo odio.
jueves, 24 de octubre de 2013
Cuando alguien es racista
“Veo ahora que las circunstancias en las que uno nace no tienen importancia. Es lo que uno hace con el don de la vida lo que nos dice quiénes somos”
“Tenemos mucho en común: el mismo aire, la misma tierra, el mismo cielo. Quizás, si empezáramos a ver lo que es igual y en vez de siempre ver lo que es diferente, entonces ... ¿Quién sabe?”
Estas dos citas resumen de manera perfecta la forma en la que todos y cada unos de los seres humanos de esta tierra deberían de pensar si viviésemos en un mundo ideal ¿De dónde las he sacado? Pues, si para esto punto aún no te has dado cuenta, tendrás que esperar al final de este texto. Allí revelaré la fuente de estas hermosas frases. El día de hoy voy a escribir con el bilis en la garganta y con la indignación a flor de piel. Hay pocas cosas que me desagraden tanto en el mundo como aquello de los que escribo en este momento: el racismo.
Esta tara cojuda que nos queda de tiempos en que los que no podíamos hacernos llamar, en realidad, seres enteramente racionales. Épocas aquellas en las que la gente tenía esclavos y mataban a otros seres humanos como si fuesen escoria y se veía con desdén al que era diferente. Mucho no hemos avanzado, para ser honestos, la gente no tiene esclavos de manera formal pero aún hay quienes trabajan bajo condiciones demasiado similares a la esclavitud: ya sean empleadas del hogar mal pagadas y maltratadas, trabajadores chinos en el sótano de un magnate haciendo chompas, jóvenes migrantes en los McDonalds de EEUU siendo explotados, muchachos llenos de sueños explotados en los Call Centers de la India, entre tantísimos otros. Y, sobre matar gente, pues el KKK aún comete crímenes de odio y el partido neonazi de Grecia no se queda atrás, solo por poner dos ejemplos.
Se piensa que el otro, por ser diferente, es inferior y eso es lo más estúpido que un ser humano -o mejor dicho “ser humano”- puede pensar ¿Es en serio que piensas que la “el color de piel de las personas define el contenido de su carácter”? Y cito un poco a Martin Luther King Jr. porque el vivió y murió para acabar con este concepto tan imbécil que, en primeras, no debería haber existido jamás. Si las personas sinceramente piensan que los negros son inferiores o que los chinos son inferiores o que quién sea es inferior los verdaderamente inferiores son ellos y no por su raza o su procedencia: sino por lo que han decidido hacer con sus vidas.
Pero entendamos, hagamos un esfuerzo compañeros (trabajemos juntos por una compresión mejor del universo), por entender a la gente del pasado, confundida, sin referentes, recién descubriendo el mundo. Está bien, puedo entender por qué al ver a alguien con un color de piel distinto por primera vez en tu vida, el primer contacto de un grupo humano con otro, se pueda creer que es otra especie. Pero ahora, año 2013, con el genoma humano armadito y bien definido ¿Aún hay gente que piensa que los blancos son superiores solo por ser blancos? ¿Es posible que en PERÚ, la epítome de la mixtura racial, tengamos un partido Neo Nazi? Déjenme que les diga, reverendos batracios, que si su amado Hitler estuviera vivo y ustedes viviendo bajo su régimen, bien muertos estarían. Primero que nada, conchudos y, luego, pérfidos mentecatos ignorantes.
Cuando alguien se jura más que otro alguien por ser “más blanco” es lo más idiota del mundo. Pensar que se es más que alguien por una característica intrínseca, por algo que no te has ganado sino que simplemente viniste así, es una idiotez. Si quieres estar orgulloso de tu “raza” ¡BIEN! No hay problema, está bien estar orgulloso de lo que se es pero de ahí a que desprecies a otros ese es el paso a lo intolerable. Y pongo “raza” así entre comillas porque, tratándose de seres humanos, ese concepto no debería existir.
Hablemos de ciencia, pequeños saltamontes, las últimas investigaciones han probado que el aspecto físico de las personas corresponde únicamente al 0,01% de los genes. Además, ese porcentaje no corresponde realmente a lo que la gente normalmente conoce como raza sino a las características que han permitido que ciertos grupos humanos vivan en determinados ambientes. Por ejemplo, la gente de la sierra tiene pulmones más grandes para poder asimilar la cantidad de oxígeno necesaria para vivir dado que el aire en la altura tiene menos concentración de este gas vital. Lo que consideramos “raza” no es más que los cambios que ha tenido el cuerpo frente al medio ambiente ¿Realmente piensas que ese 0,01% te hace superior? ¿No te das cuenta que tu y ese joven al que llamas “cholo” tiene 99,99% de genes IGUALES? I-G-U-A-L-E-S.
Quizás en el furor del tráfico limeño se te escape un “cholo de mierda” y a pesar que lo repudio te lo puedo perdonar si es que no es para ti más que una palabra. Pero si, sinceramente sientes eso en ti, te dedico todos los insultos de mi léxico que, te advierto, no son pocos. La raza científicamente no existe ¿Qué más prueba quieres para probar lo imbécil que eres? ¡El genoma humano te lo prueba! Las personas valen por lo que HACEN y no por lo que SON biológicamente. No es tu cuerpo o tu aspecto lo que te define sino tus actos, lo que haces con tu vida, la persona que construyes TU MISMO y no lo que te dio la genética.
Debo de compartir con ustedes cómo llegó a mi este tema y lo hago avanzado tanto el post porque quiero advertirles que se viene una buena avalancha de lisuras. Este tema llegó a mi a través de una vieja compañera del colegio que me escribió diciéndome lo indignada que estaba frente a un caso de racismo y que debía escribir de ello. Nunca es mal momento para odiar esta conducta. Comparto aquí la imagen que me mandó:
Contexto: una joven escribe un comentario en una página de noticias que, aparentemente, iba en contra de lo que esta excusa de ser humano opina. Decidió, en vez de presentar argumentos de razón, comportarse de esta asquerosa manera. Me recuerda aquellos status de Facebook que, cuando salió Humala de Presidente, reclamaban a los “cholos de mierda” por haber votado por él y que se iban del país para no tener que aguantar lo que estaban seguros sería un gobierno a lo Chávez. Primero, váyanse no los queremos acá la concha de sus madres. Segundo, de los que pusieron esos comentarios tan lindos creo que el 0,00001% realmente se fueron. Y, tercero... ¿Es en serio? ¿ES EN SERO? ¡SANTA PAPAGAYA! ¡MIERDA! ... De mis amigos de Facebook vi unos cuantos comentarios de esos. Los que postearon los peores ya no están en mi lista de amigos. Fin.
El racismo es una cojudez. Punto. No hay razón que lo justifique desde el plano moral o científico o lo que sea. No hay. Dime lo que quieras, pero NO HAY. Dime tu ciencia nazi, dime toda tu mierda pero el racismo NO DEBERÍA EXISTIR ¿Acaso un perro labrador discrimina a un perro mestizo? ¿Acaso un gato angora discrimina a uno criollo? ¿No somos, entonces, un poquito más avanzados que estos elementales seres como para darnos cuenta que la raza no existe?
Momento de la verdad: las citas que puse líneas arriba pertenecen a la primera película de Pokémon. La primera la dice Mewtwo y, la segunda Meowth. Si no han visto esta película: háganlo. Es buena y tiene una hermosa lección. Que haya sacado frases de este largometraje puede ser particular, para algunos hasta ridícula o extraña. Quizás si les hubiera dicho de frente de dónde venían las hubiesen discriminado. Pero ¿No ven que estas frases son como la gente? No se trata de dónde viene sino de lo que pueden enseñarnos. No se trata de su procedencia sino de su contenido. Son lo más cierto y más acertado del mundo y yo lo aprendí antes de los diez años gracias a un par de Pokémon y les doy las gracias.
No sean racistas, amigos. Es estúpido, cruel, desinformado, idiota, cojudo y más lisuras que no diré para no cargar tanto este post. En fin, esta es una de las cosas que más odio y, además, esta es la décimo séptima cosa que yo odio.
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Si quieren saber de dónde saqué mi información científica esta es la fuente de El País, basada en la investigación realizada por la Celera Genomics Corportaion en Rockville, Maryland, entre otras entidades de la que escuché hace mucho en un documental de la Discovery y que busqué para poder citar.
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